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Santiago II (el segundo)

Las medallas de plata, los accésits, las bandas de dama de honor, los títulos de subcampeón o incluso la nominación a un premio materializan el reconocimiento a los segundos clasificados en distintas competiciones, pero ¿qué le queda a aquél aspirante en un proceso de selección que por unas décimas de menos en la puntuación final ve desbaratada la ilusión de conseguir aquel puesto de trabajo con el que tanto ha llegado a soñar e identificarse? Por desgracia os lo puedo decir: ni el consuelo de sentirse valorado.



En este último año he pasado dos veces por este trance. En concreto, ayer verifiqué en la correspondiente página web, cómo mi nombre pasaba a la segunda posición después de encabezar la primera y segunda fase de un proceso de selección para una importante institución cultural andaluza, lo que ocurría en aras del criterio subjetivo de la entrevista personal, última prueba de una convocatoria para la que llevo peleando desde el pasado mes de abril. Y esto ha revivido a todos mis fantasmas, a los mismos que vinieron a mí tras lo ocurrido el año pasado en otro proceso de selección del que ahora mismo no puedo hablar porque se encuentra en espera de la correspondiente vista tras denunciar diversas irregularidades.


Vaya por delante mi más absoluto aprecio a la persona que ha sido seleccionada en este último proceso, alguien con la que he compartido varias experiencias, cuya valía es extraordinaria y que, además, considero amiga. Creo que sus méritos sobran así que sé que no le afecta el atropello del que me he sentido víctima, pero como aquí no me censura nadie quiero reflexionar sobre la capacidad de este criterio subjetivo para alterar el desarrollo de una candidatura que en las dos fases anteriores demostró mejor trayectoria profesional y mejor cualificación mediante la prueba escrita. Máxime cuando la fase de entrevista personal únicamente contaba con un 20% del baremo total y yo partía con una ventaja de más del 5%.


Entiendo que esto no va de mejores ni peores, sino de personas más o menos adecuadas para las necesidades del puesto y la organización, pero si tanta importancia se le otorga de facto a este criterio que la tradición mediterránea no es capaz de objetivar, ¿para qué todas las fases previas de concurso y examen?. Si el motivo es la libre concurrencia y la transparencia, también podemos preguntarnos ¿por qué esa falta de información cualitativa?, ya que todo el esfuerzo invertido en todas las fases queda resumido finalmente a la frialdad de una valoración numérica sin detalle. Esta carencia de explicaciones busca dejar al candidato indefenso, roto, sintiendo cómo en el expolio se han sustraído además las ganas de volver a intentarlo en similares condiciones. Y vuelvo a decir que no me siento mejor candidato que la persona seleccionada, pero una vez hechos los cálculos y sabiendo cómo fue la exposición ante el comité de selección, me puedo atrever a decir que si alguien piensa que mi entrevista personal fue digna de una calificación de suficiente, lo invito a compartir un rato de charla conmigo. Los años de experiencia en la práctica docente, mi capacidad de transmisión, la pasión con la que me involucro en todos los proyectos y el haber completado una carrera de más de 15 años en la gestión cultural y de proyectos expositivos, sencillamente, no lo merecen.


Al igual que mis virtudes, atesoro mi catálogo de carencias, pero sin información ni revisión del proceso, ¿quién puede mejorar?, ¿quién se enfrenta a otro proceso de selección con la ilusión de que, al menos, vas a aprender en el camino?.


Jamás he trabajado tanto como para este proceso. Disfrutados han quedado los cursos de materias relacionadas con el puesto y la organización, las noches de estudio y la preparación concienzuda de un proyecto que fue entregado en formato web a todos los integrantes del comité y que podéis ver en este enlace.


Yo, que soy partidario de relacionarme con naturalidad con todos los estados del ánimo, estoy pasando por todas y cada una de las fases de este proceso de desapego, algo que, por desgracia y por suerte, tengo bien trabajado. Sirva este texto para que mis allegados entiendan mis ausencias y el bajón anímico de estos días, no obstante, como mis estándares de felicidad son tan elevados, pronto volveré a ser el de siempre. Ojalá un poquito más sabio. Es cuestión de tres o cuatro días.


Me quedaré con el orgullo de ser el primero en ser siempre secondary y con la banda de “Miss Congeniality”, galardón que, por cierto, da nombre a una de esas películas que siempre me han ayudado a sonreír. ¿A que me la pongo ahora?


Este es el baremo final del proceso donde quedé segundo en el año 2021.


Este es el baremo previo a la fase de entrevistas.


Esta es la puntuación final tras la fase de entrevistas.

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